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La ironía del éxito social

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Creado 29 Noviembre 2012 • Escrito por Ignasi Meda

Laironiadelexito
Imagen cortesia de Feelart FreeDigitalPhotos

Abarcar el éxito y/o el prestigio social es el sueño de la gran mayoría de nosotros, una vez quedan cubiertas las principales necesidades básicas, como son la comida, el hogar o el afecto de los seres más queridos. Soñar o imaginarse a uno mismo como un triunfador en el mundo de los negocios o en otros tantos espacios sociales como uno pretenda conquistar, es gratuito, y hasta un cierto punto, puede resultar gratificante (los científicos dicen que se activan las mismas zonas cerebrales cuando imaginamos una acción que cuando la realizamos). Sin embargo, este ejercicio creativo e imaginativo, puede pervertirse si lo convertimos en nuestro único objeto de deseo, pues éste será, casi con total seguridad, la semilla de futuras frustraciones (lo vamos a ver en seguida).

Nassim Nicholas Taleb, matemático empírico y autor del libro El Cisne negro (entre otros), nos explica que hay profesiones como por ejemplo las de dentista, consultor o masajista, que tienen un “tope”, es decir, que por más que uno se esfuerce, habrá un límite en el número de pacientes o clientes que uno podrá atender en un determinado tiempo. Si abrimos un restaurante de moda, lo máximo a lo que podremos aspirar es a llenar el comedor todos los días. Aquí es donde el autor del libro pone énfasis en la siguiente reflexión: por muy bien pagadas que estén este tipo de profesiones, los ingresos dependen de los esfuerzos continuos de cada uno de nosotros. Así, un dentista por ejemplo, tan solo podrá atender a unos cuantos pacientes más si este incrementa su esfuerzo .

Sin embargo, y aquí viene lo interesante, si fijamos nuestra atención en otro tipo de profesiones, como las de los escritores de libros, un autor, para atraer a un solo lector, realiza el mismo esfuerzo que realizaría si quisiera captar a varios cientos de millones. J.K.Rowling, autora de Harry Potter, no tiene que escribir nuevamente sus novelas cada vez que alguien quiera leerlas. En cambio, el dentista, deberá arreglar tantas bocas, como pacientes se presenten a la consulta. Lo mismo ocurre con un panadero, que tiene que hacer todas y cada una de las barras de pan para atender a todos y cada uno de los clientes.

Al respecto, Nassim Taleb explica en su libro que … “la distinción entre el escritor y el panadero, el especulador y el médico, el estafador y la prostituta, es una buena forma de observar el mundo del trabajo. Permite diferenciar las profesiones en que uno puede añadir ceros a sus ingresos sin gran esfuerzo frente aquellas en que se necesita añadir trabajo y tiempo”.

 

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